Posts Tagged ‘Suave es la Noche’

Suave es la Noche (2)

30/08/2012

-¿Se piensa quedar mucho tiempo? -preguntó Nicole.

Tenía la voz grave, casi áspera.

Rosemary se vio de pronto considerando la posibilidad de quedarse una semana más.

-Mucho tiempo no -contestó con vaguedad-. Llevamos ya mucho tiempo fuera. Desembarcamos en Sicilia en marzo y hemos ido subiendo al norte sin prisas. Pillé una pulmonía rodando una película en enero y me he estado restableciendo.

-¡Santo cielo! ¿Cómo ocurrió?

-Fue por meterme en el agua.

Rosemary se sentía más bien reacia a hacer ninguna revelación de tipo personal.

-Un día que tenía la gripe y no lo sabía, tenía que rodar una escena en la que me lanzaba a un canal en Venecia. Como era un decorado muy caro, tuve que lanzarme al agua una y otra vez a lo largo de la mañana. Mamá hizo venir a un médico, pero no sirvió de nada. Cogí una pulmonía.

Cambió resueltamente de tema antes de que ellos pudieran decir nada.

-¿Les gusta esto… este sitio?

-Les tiene que gustar -dijo Abe North con parsimonia-. Lo inventaron ellos

Suave Es La Noche
Francis Scott Fitzgerald

Ed. Alfaguara

Suave es la Noche (1)

11/08/2012

No tenía intención de asistir ni a una sola sesión del congreso. Se lo imaginaba perfectamente todo: los nuevos opúsculos de Bleuler y Forel padre que podría asimilar mucho mejor en casa, la disertación del americano que curaba la demencia precoz sacándole las muelas al paciente o cauterizándole las amígdalas, y el respeto apenas teñido de ironía con que esta idea sería acogida, simplemente porque los Estados Unidos era un país muy rico y poderoso. Y los demás delegados de los Estados Unidos: el pelirrojo Schwartz con su cara de santo y su infinita paciencia tratando de conciliar dos mundos y docenas de alienistas de aire solapado e intereses puramente comerciales, que asistirían al congreso en parte para hinchar su reputación, y de ese modo tener más posibilidades de conseguir los puestos más cotizados de expertos en criminología, y en parte para ponerse al corriente de los sofismas más recientes, que luego podrían incorporar a su repertorio y así contribuir más a la infinita confusión de todos los valores. Habría algún italiano cínico y algún discípulo de Freud de Viena. Entre todos destacaría claramente el gran Jung, suave, superenérgico, haciendo su recorrido entre los bosques de la antropología y las neurosis de los colegiales. Al principio el congreso tendría un cierto aire norteamericano, casi «rotario» en su ceremonial y procedimientos, luego lograría imponerse la vitalidad más homogénea de los europeos, y, finalmente, los americanos sacarían el as que tenían oculto: el anuncio de donaciones y fundaciones fabulosas, de excelentes instalaciones y centros de formación nuevos, y ante la enormidad de esas cifras, los europeos empalidecerían y se achantarían.

Pero él no estaría allí para verlo.

Suave Es La Noche
Francis Scott Fitzgerald

Ed. Alfaguara


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