No hay fin. 45-47

Recién pasado el 45 hay una señora rechoncha que camina hacia la izquierda mientras se limpia los mocos con la manga. Unos pasos más allá la entrada luminosa de un supermercado y en ella un anciano que parece esperar. A eso le sigue un parque oscuro, árboles ralos, un chico caminando más allá de unos setos, otros, ancianos, parados y hablando, tal vez discutiendo.

Por el lado del 47 sigue un solar tapiado, forrado de carteles en los que se lee “nos dejan sin futuro” y “14N” una y otra vez. Una mujer y una niña a su lado y junto a la esquina donde termina la tapia dos niños con tres adultos en dos grupos, tras los que, al girar, se ve como sigue la tapia en perspectiva con 14 enes una y otra vez, para terminar, elevándose sobre ellos un cartel de un futbolista vendiendo ropa para el Corte Inglés.

Es cierto: no hay fin, pero es obligado que lo haya. Como en Every Building on the Sunset Strip de Ruscha, o en el emaki japonés. En esto ando.

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