LA PUERTA DE ATRÁS

Hay miles, millones de cosas en nuestras vidas. Algunas aparentes, importantes, pomposas que pasan a la orbe de los recuerdos importantes, como tu boda, unas Navidades en los Alpes, la comunión de los gemelos, etc. Otras aparecen en la puerta de atrás de la vida y la parafernalia de los recuerdos -lo digo sin atisbo de crítica, las cosas son como son y nosotros somos como somos-, pero es cierto, existe una retaguardia vital donde no solemos colocar cierto tipo de vivencias, que incluso en las biografías de los que las tienen, son ninguneadas.

Salgo del estudio a las doce de la mañana por un trabajo inesparado. Veo que el trípode no se sujeta bien en mi motocicleta. Vuelvo adentro a por unas gomas para poder asegurarlo -han sido esos dos minutos de retraso por las gomas, sólo esos dos minutos-. Termino de sujetar las gomas al sillín, me pongo el casco y veo por el rabillo de mi ojo izquierdo salir del portal del 15 al perrito que llevo esperando ver todo el invierno cuando llego a las ocho de la mañana, para darle las chuches que ya no tengo en el bolsillo para él desde hace meses. Sé que tiene diecisiete años, me lo dijo una mañana de invierno la pobre señora que sujeta su correa, cuando él remoloneaba para volver a casa y yo pensé, qué pobre, que viejito está, … y qué frío que hace, la próxima vez le traigo unas golosinas. Ella me dijo: daba una pena cuando se murió mi marido y se paraba junto al nuestro coche. Me imagino que olería a él… Sí, algo así sería -pensé yo-.

Hay algo raro. La señora está apurada, confusa y no sabe qué hacer, pero de eso me doy cuenta luego. Lo primero que noto es que el perrito no está de pie. Sus patas de atrás están de lado, en el suelo, las de delante rectas, la cabeza baja, agachada, y la mirada triste, perdida. Imagino que le habrán fallado las patas al bajar el último escalón a la calle. La señora no puede agacharse para ayudarle. Dejo el trípode, me quito el casco y me acerco, preocupado pero contento de volver a verlo. Le digo -hola, espere que le ayudo-, me agacho, le levanto las caderas, y hasta aquí puedo contar con claridad. Después, los hechos nítidos y lineales de la vida diaria se han convertido en una nebulosa confusa y difícil de narrar: he notado la humedad en mis manos al levantarlo, el brillo aceitoso en su pelo y sus ojos apagados, los huesos debajo de la piel, casi afuera del cuerpo. La señora tiraba de la correa, intentaba mantenerlo en pie, pero terminaba arrastrándolo sobre la acera. Él me miraba de lado, también confuso, sin fuerza para erguir la cabeza. Le he dicho:

-este perro está muy mal

-está muy viejito

-hace mucho que no lo veo. Tenía chuches para él

-es que no ha salido en todo el invierno. He estado aguantándolo.

-pero no puede pasear así. Le fallan las patas traseras pero algo más le pasa -le miro a los ojos y noto el olor a pis-, este perro está muy mal.

-está muy mayor -confusa- y lo he estado aguantando todo el invierno, pero ya no puede ser más. Lo voy a llevar a sacrificar. Me da mucha pena pero no aguanta más. Llevamos diecisiete años juntos. Tenías que ver como corría cuando era pequeño… Así que … lo llevo ahora.

-¿adónde?

-a dormir

-eh… -ahora comienzo a entender lo que estoy viviendo. Me siento profundamente triste, entonces y ahora. Ahora creo que aun más.- ¿Quiere que le llame a un taxi?

-ya he llamado a uno. Mira, ahí está.

Lo cojo de la cintura y lo elevo. Ella me dice abriendo la puerta del coche:

-mejor si lo dejamos en el suelo, no se vaya a caer.

-sí -miro al taxista: sonríe-. Ánimo señora.

Asiente con la cabeza.

-gracias hijo…

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11 comentarios to “LA PUERTA DE ATRÁS”

  1. Nelson González Leal Says:

    Buena letra…

  2. ana Says:

    pordios, la misma pena que esta tarde…

  3. Nuria Says:

    Qué triste, no me extraña que no quisieras contarme nada ayer…

  4. Nuria Says:

    Por cierto. el texto…todo lo que tiene de triste, lo tiene de hermoso.

  5. larraz Says:

    Fue un momento muy triste y confuso. Gracias cielo, si te lo cuento ayer a ti, me echo a llorar seguro.

  6. Noemí Says:

    me encanta cómo lo has contado, pero la historia que esconde detrás es demasiado triste para mi 😦

    “lo he estado aguantando”… es una frase terrorífica.

  7. sottoacqua Says:

    Joder pobre señora, creo que tiene que ser una decisión muy difícil, mi perra al final también estaba muy mal pero se me helaba la sangre nada más que de pensar en sacrificarla. Hay que ser muy valiente para hacer eso.

  8. silvermoonfoto Says:

    Uff! Qué mal cuerpo se me ha quedado. Qué triste. Recuerdo ese perrito. Muchos días, cuando llegábamos para subir la persiana te despedías de ellos con la última chuche.

  9. Sofía de Juan Says:

    me has dejado una sensación agridulce.. la manera que tiene usted capitan de contar las cosas siempre desprende una profunda humanidad…sabe darle dignidad a todas las cosas, me ha gustado mucho eso de ” me lo llevo a dormir”… descanse en paz, pues.

  10. entrenómadas Says:

    Demoledor.

  11. JG Says:

    Ultimamente, cada vez que llevo a mis perras al veterinario me encuentro con alguien hecho polvo que lleva a su perro a que lo duerman… siempre me quedo igual de hecho polvo…

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