Vespa, Rayo y Lilu

Se llaman Vespa, Rayo y Lilu. De sus primeros nombres, cuando vivían con el
hambre, la sed y las pulgas, nada sabemos. Ellos ya andan lejos de aquellos
caminos y aquel otoño de dos mil cinco, con sus nuevos nombres, sus nuevos
paisajes y su nueva vida.

En un camino de las huertas de Quinto de Ebro, una tarde, llegaron como dos
balas dos galgitos -Rayo y Lilu-, se arremolinaron entorno a Nuria y a mi, y
se volvieron locos de alegría, como un niño que por fin tiene alguien con
quien jugar. Para nosotros encontrarnos con dos cachorros solos en los
campos nos provocó mucha más preocupación que felicidad: un galgo sin nadie
a su lado suele estar abandonado a su suerte, que en España viene a querer
decir abandonado a su muerte. Pero no, este no fue el caso. Enseguida nos
informaron de dónde habían salido los perros. Era un pequeño terreno
conquistado por las hierbas y en parte vallado con una alambrada, somieres
en desuso, restos de hierros de obras y pedazos de uralitas. Para más
alegría, adentro, además de excrementos, pedazos de pan duro, un cubo sin
agua, cascotes, hierros oxidados y barro, mucho barro, había una perrita de
color canela, temerosa detrás de la alambrada, atada a no sé qué con una
cadena escasa y junto a un chamizo infecto de telas y colchonetas mojadas.
En los meses que siguieron siempre la vimos allí.

A partir de aquella tarde los galgos de otro pasaron a ser nuestro desvelo y
siempre que pudimos, también nuestra ocupación. Denunciamos enseguida la
situación de los tres galgos a la policía nacional, que informó a la guardia
civil del pueblo. Uno de ellos, un guardia civil hizo suya nuestra
preocupación y, aunque no estamos seguros, creemos que fue él quien más
presionó al dueño, con denuncias y palabras, las dos cosas, para que cediera
sus galgos antes de que las cosas fueran a peor.

Fue un invierno largo de ir y volver a cuidarlos, de verlos saltar la valla
cuando llegábamos mientras Vespa, inquieta, daba vueltas a su cadena
esperando el agua y la comida. Todo un lujo. A veces había charcos, otras
solo polvo, pero jamás vimos ni agua ni comida salvo el pan que he dicho.
Rayo y Lilu solían comer fuera, ansiosos, en una pequeña zona de cemento. A
Vespa le echábamos lo mejor que podíamos bolsas con pienso, y agua a través
de la alambrada a un cubo que había allí, de esos que utilizan los albañiles
para hacer cemento.

Nunca nos encontramos con el dueño -que extraña suena la palabra dueño aquí-
pero todavía me pregunto qué habría ocurrido, no sé. Nunca le vi la cara.
Dijeron que era joven como nosotros, treinta y tantos. Suficiente para ser
consciente de su indecencia, su inmoralidad, su asqueroso poder sobre los
más débiles.

Un día nos llamó SOS Galgo, al parecer había accedido a las presiones de la
Guardia Civil. Los entregó a las afueras, junto al cementerio, para que
nadie lo viese, aunque hasta ese momento salvo el guardia y nosotros nadie
había querido verlos, nadie había querido saber nada. Se mira a otro lado
cuando el sufrimiento no se hace propio, compasión se llama. Ahora sabemos
que desde aquel día de la primavera de dos mil seis los tres galgitos viven
una vida, por así decirlo, digna, lejos de aquellos caminos, el hambre y la
sed, lejos de la impunidad de los brutos y la ceguera y tedio del resto.
Suerte para ellos. El mundo es un poco mejor en su oscuro océano de abuso a
los indefensos.

Suerte nenes, mucha suerte.

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4 comentarios to “Vespa, Rayo y Lilu”

  1. Rosa. Says:

    Joer, qué historia tan tremenda… espero que a partir de ahora les den mucho cariño y consigan, a la larga, contrarrestar tanto sufrimiento.
    Besos.
    Rosa.

  2. entrenómadas Says:

    Bueno, menos mal que he llegado al final para relajarme, me estaba poniendo de los nervios. Este país es infernal para con los animales, pero lo peor es que lo es en sentido piramidal, desde abajo, desde el tipo que tenía a estas joyas de animales, hasta el mismo gilipollas sádico del defensor del pueblo. Y eso choca con la idea de país moderno que asimila cambios y todas esas pamplinas.
    Larga y perra vida libre a los protas del post y al resto de galgos de este país medieval. VIVAN LOS GALGOS!!!

    Marta

  3. Nuria Says:

    Jo, lo acabo de leer y aún me emociono recordando aquellos días, aunque sigo pensando que me hubira encantado encontrarme con el “dueño”….

  4. chirimoya Says:

    es mejor no haberte cruzado con él… no merece la pena.

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