Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.
Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera.
Pedro Páramo
Juan Rulfo

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.
Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera.
Pedro Páramo
Juan Rulfo

#6 es una madre primeriza. Está frenética. Su bebé está ausente. Camina desesperadamente arriba y abajo del corral, mugiendo y llorando, y llamando a su chico perdido, temiendo lo peor, confirmando sus miedos. Ella es una de las miles de hembras indefensas nacidas en un granja orgánica verde típica de lácteos. Ella pasará toda su corta vida lamentando la pérdida de bebé tras bebé. Será ordeñada incansablemente a través de repetidos ciclos de embarazos y desamparo. Su única experiencia de maternidad será la de la peor pérdida para una madre. En el punto álgido de su vida, su cuerpo cederá, su espíritu se romperá, su “producción” de leche declinará, y será enviada a una horrible matanza, junto con otras madres apenadas, derrotadas, y “gastadas” como ella misma. Ella es la cara de la leche orgánica.


Imagino la sorpresa del hombre que descubrió el otro significado de los objetos. Sueño con el mundo que surge de éste, en cómo me embriagaré con nuevos significados en ese nuevo mundo mientras lentemente se abre ante mi el otro significado de cada cosa. Pienso en la estupefacción feliz del amnésico. Me imagino abandonado en una ciudad fantasma que nunca he conocido; los barrios, las calles donde en tiempos vivieron millones de personas, las mezquitas, los puentes, los barcos, todo, todo está absolutamente vacío y yo camino por esos espacios solitarios y fantasmales mientras recuerdo mi propo pasado y mi propia ciudad, camino lentamente hacia mi propio barrio, hacia mi propia casa, hacia mi propia cama, en la que ahora estoy intentando dormir.
El libro negro

Me condenaron a veinte años de hastío
por intentar cambiar el sistema desde dentro.
Ahora vengo a desquitarme,
primero conquistaremos Manhattan,
después conquistaremos Berlín.
Me guía una señal en los cielos,
me guía una marca de mi piel,
me guía la belleza en nuestras armas,
primero conquistaremos Manhattan,
después conquistaremos Berlín.
Leonard Cohen
Para Elbados, que conoce mi plan secreto.
Cuando era niño, mi juguete favorito era el Tente. En el balcón tenía un cajón de Ariel lleno de piezas. De las miles de horas que debí de pasarme construyendo imagino que salió la decisión de ser arquitecto, que mantuve hasta que descubrí que no nos llegaba para estudiar en Barcelona. Ahora, fotógrafo, también con vocación, me encanta fotografiar edificios en destrucción y solares abandonados. Debe de ser una venganza de mi subconsciente.
Casuallyart era un blog de mi lejano amigo Sastre que visitaba a diario en busca de nueva poesía visual y anécdotas dadaistas urbanas. Este es un homenaje a ese estupendo blog ya desaparecido.

- …
-Holaquetal
-Bien, ¿y los hijos?
-Ahí andan, hechos unos borricos
-Si es que los crios ya se sabe…
Era más grande de lo que había pensado al verla por primera vez. Flaca y todo, era un animal soberbio, hermoso, una obra maestra de gallardía imposible de reproducir ni con el pensamiento.
El viejo la acarició, ignorando el dolor del pie herido, y lloró avergonzado, sintiéndose indigno, envilecido, en ningún caso vencedor de esa batalla.
Con los ojos nublados de lágrimas y lluvia, empujó el cuerpo del animal hasta la orilla del río, y las aguas se lo llevaron selva adentro, hasta los territorios jamás profanados por el hombre blanco, hasta el encuentro con el Amazonas, hacia los rápidos donde sería destrozado por puñales de piedra, a salvo para siempre de las indignas alimañas.
Un viejo que leía novelas de amor
Luis Sepúlveda